Salto La Jalda, un tesoro escondido entre los regios bosques de El Seibo



 

Por Jeni Polanco Castillo

Jennypc03@gmail.com

@JeniPolancoC

Miches.- Dejar la comodidad de una habitación de hotel para adentrarse por un sendero de aventuras, es una experiencia que para muchos puede convertirse en un gran reto. Miles de personas asumen esta idea, concibiendo a República Dominicana como el lugar perfecto para ejecutar el itinerario.

Una de estas opciones se localiza al Este del país, en la provincia El Seibo, con más de 120 metros de altura sobre el nivel del mar, el salto más alto del Caribe encarna al verdadero turismo ecológico, por su escabroso y vistoso trayecto, que sin espacio para dudas recompensa luego a quien se decida ir a su encuentro.

Sí, se trata del Salto de la Jalda, un tesoro natural escondido enclavado en la Cordillera Oriental, entre tupidas y empinadas montañas de una vegetación inverosímil. Fue declarado como área protegida en el 2009 y el decreto 571-09, en su artículo 6, lo ubica en el municipio de Miches, como parte del Parque Nacional La Jalda.

Es a partir de 2016, aproximadamente, cuando la gente descubre la existencia de este lugar, y comienza a hacer caminos por un sendero impenetrable. Son varios los puntos de acceso. A este salto maravilloso se puede llegar desde el municipio de Pedro Sánchez, Sabana de la Mar o el distrito municipal de Vicentillo.

Pero para esto es menester atravesar varios terrenos privados que, en complicidad con el visitante, admiten que el aventurero viva una experiencia máxima, de inmensidad y preciosidad, que deslumbran entre el verde acentuado del bosque y las rocas alrededor.

La vegetación del Parque Nacional La Jalda es tan notoria y exuberante que la chorrera del salto sólo es visible cuando se está a pocos metros de distancia. Es como si pareciera un propósito de la naturaleza, que el visitante se tropiece de forma sorpresiva con este atractivo, a pocos minutos antes de llegar.

Un total de 25 especies se encuentran en la zona, que conviven en perfecta armonía con un lugar donde la caída del agua se va entrelazando con rocas y curvas naturales, hasta un charco que tiene áreas más profundas que otras. Y todo este hechizo invita al forastero a un chapuzón inevitable.


Es mejor acompañado

Al salto llega sin compañía solo quien conoce el camino, por lo que se aconseja apoyarse en un experto. Uno de los guías que conducen al Salto de la Jalda, es Fernando Pérez, quien combina su rutina de guía con la agricultura. Con él, su primo Fermín, y un sobrino que pretende iniciarse como guía.

Fernando tiene poco menos de cinco años llevando gente a este lugar. Le place compartir sus relatos. “Aquí vienen las personas y duran hasta tres horas; se bañan; se hacen fotos. Eso sí, la gente debe traer su comida, porque está prohibido cocinar aquí”, expresa este guía.
Fernando cuenta que pasan hasta quince días sin actividad, pero que le ha tocado llevar grupos de 15 a 35 personas, y la primera fue una yuotuber que se interesó por el lugar. Dice, además, que la gente suele pasarse hasta tres horas contemplando el salto y sus alrededores.

Este versado en senderismo considera que de acondicionarse el camino habría un mayor flujo de personas hacia el salto, lo que también abreviaría el tiempo de llegada. “Aquí vendría muchísima gente, y se conocería más el lugar, además de que beneficiaría a la comunidad. De hecho, aquí vienen turistas hasta solos, sin guías”, explica.

Así es el trayecto

Quienes conocen el sendero, explican que el primer requisito para ir al salto La Jalda es salir a primera hora y adelantarse a los rayos del sol. Cuatro y cinco horas de ida y vuelta, es el tiempo que dura la travesía, que los más valientes deciden hacer a pie. Otros lo hacen a caballo y algunos optan por un paseo aéreo, donde no es posible pisar tierra. Acampar o hacer cañonismo, es parte de lo que se puede practicar aquí.

Árboles centenarios de amapola, caoba, helecho, palma real y cafetales ofrecen a la vista el paisaje perfecto para los artistas del pincel. Y la opción de refrescarse durante la caminata en los ríos La Jalda, El Camarón y Magua. En este último afluente se dejan los caballos para continuar el trayecto caminando. Se avistan varios manantiales provenientes del salto, donde es posible una parada de descanso, ‘batallar’ con unos que otros insectos y retomar energías para continuar.

Antes de llegar al salto, hay que descender una loma rodeada de arbustos, cafetales y un suelo pedregoso, con despeñaderos que atentan contra el vértigo de algunos. Desde allí se aprecia una vista magnifica, en la que se logra ver las costas de Sabana de la Mar y donde los excursionistas aprovechan para acampar.

Se requiere una condición física adecuada para transitar el sendero, debido a las dificultades que presenta. En días de lluvia, el camino se torna inaccesible, y aun haciéndolo a caballo el final del trayecto debe hacerse a pie.

Eso sí, al llegar al salto, a sus visitantes les espera un paisaje natural fascinante, con temperatura similar a los 18 grados, capaz de relajar a cualquier mortal.

Touroperadores

Desde que el salto La Jalda trascendió los montes y se hizo interesante para el público, turistas nacionales y extranjeros no paran de visitarlo, y como era de esperarse muchos toursoperadores vieron este despegue como una oportunidad de trabajo.

Este el caso del “Club Patas Sucias”, que además funciona como escuela de campismo. La primera ruta la armaron gracias a la entidad “Captura El Seibo”, y hace cuatro años que organizan excursiones al salto con camping incluido. La subdirectora del club, Priscila Valenzuela, relata que cada dos meses viajan a La Jalda con un grupo que oscila entre 20 y 25 personas.

“Hay una vista preciosa; acampamos arriba de la montaña y, generalmente, cada vez que abrimos el cupo, se llena. Compartimos con la comunidad. Es una ruta muy linda, y el salto es impresionante”, manifiesta Valenzuela.


La ruta de excursión que realiza “Patas Sucias” es tipo backpaking, y explican que las personas deben tener una preparación física que les permita caminar, subir y bajar montañas, lo que requiere un esfuerzo inusual.

De esto también puede hablar con sobrada autoridad el senderista Leonel Severino, quien ha ido cinco veces al salto, acompañando a otros jóvenes seibanos, quienes de manera independiente organizan tours hacia este destino. Severino sugiere irse por la vía más compleja, para apreciar mejor el trayecto, con pequeños saltos y cascadas.

“Para hacer esto, tiene que gustarte. Sólo de este modo lo harás cómodo. Y lo que más llama a la atención a quienes van, es verlo; es la vista desde abajo”, resalta el experimentado senderista.

Planes, sólo planes

El senador por El Seibo, Santiago Zorrilla, sostiene que el principal reto que presenta el turismo ecológico en esa provincia es hacer los senderos y reparar los caminos vecinales. “Hay que acondicionar los senderos para llegar al salto La Jalda, ya sea para quienes quieren hacerlo a pie, a caballo, en motores, four wheel o safari. En lo que la gente quiera llegar”, propone Zorrilla.

Dijo que existen planes de materializar lo que es una aspiración de todos los seibanos, y que prueba de ello es la creación de la Oficina Ecoturística, que afirma no ha tenido apoyo de los miembros del Consejo de Desarrollo Ecoturístico de la Provincia El Seibo (Codepres).

“Cada vez que se convoca, no se logra el quórum, y por eso no ha funcionado. Aparte de que necesitaríamos la mano del Gobierno Central, llámese Turismo, Obras Públicas y Medio Ambiente, cualquiera que nos diera apoyo para construir el sendero”, añade el legislador.

Cuestiona que no haya interés por parte de Codepres en que estos senderos se desarrollen, y que la Oficina Ecoturística cumpla su rol. “Si me ponen atención, se harán los senderos en corto tiempo”, indica Zorrilla.

En el 2014, la Cámara de Diputados declaró de urgencia y aprobó en dos sesiones consecutivas el Proyecto de Ley para el Desarrollo del Ecoturismo en la República Dominicana, en el que se incluyeron 17 provincias. Actualmente, unas 23 provincias han sido declaradas ecoturísticas, entre ellas El Seibo.

Este año, el Codepres realizó una reunión donde se aprobó, a unanimidad, el Reglamento de la Ley 511-05, que declaraba esta provincia como ecoturística. El director del Codepres, Yamel Valera, entiende que lo correcto es que se exploten esos recursos, pero de manera sostenible, procurando que las comunidades se beneficien con hospedaje, puestos de comida y transporte. También, expresa que a través de un plan ecoturístico se proyectaría el desarrollo de la provincia.

“La situación de pobreza de El Seibo obliga a recurrir al ecoturismo. Este pueblo es el complemento turístico que tiene el Este, y lo hace desde esta modalidad turística. Con un buen plan estratégico, este sería el lugar ideal para el turista. En una estrategia ecoturística también se puede explotar la producción de cacao, frutas, leche y otros productos. El ecoturismo es una vía muy importante para que El Seibo pueda salir de su pobreza”, dice Valera.


Créditos: Grupo de Medios EB, periódico regional El Tiempo

Redacción: Jeni Polanco Castillo 



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