Pandemia desnuda vulnerabilidades en envejecientes
Por Jeni Polanco Castillo
Jennypc03@gmail.com
El Seibo. Uno de los
sectores más vulnerables durante los meses de apogeo de la pandemia provocada
por la Covid-19 sin dudas fueron los adultos mayores, muchos de ellos
experimentaron una soledad poco cotidiana, más prolongada y tangible, dando
lugar al desarrollo de enfermedades físicas y mentales.
En el país, muchos
adultos mayores viven solos recibiendo visitas esporádicas de familiares, otros
conviven con algún miembro de la familia. Otra gran parte de ellos residen en
zonas rurales y bateyes, abandonados a su suerte pasando penurias. Aunque
pareciera un fenómeno característico de la urbanidad, es precisamente en las
zonas rurales donde más abundan estos casos, producto de la emigración de
miembros jóvenes de las familias.
Un informe del Centro
Internacional de Longevidad-RD, revela que pese a que la región Este no es una
de las zonas que más adultos mayores congrega, en dicha área suman unos 100 mil
471 ancianos divididos entre La Altagracia, El Seibo, Hato Mayor, La Romana y
San Pedro de Macorís, siendo El Seibo una de las que menos personas de edad
avanzada registra, aunque la población adulta aumentó los últimos años.
En esta demarcación, no
existen refugios o asilos como en otras provincias del Este, salvo una casa de
ancianos en la comunidad de La Higuera, y la Estancia de Envejecientes de la
exdiputada Kenia Mejía, en la cual asisten a más de 26 abuelitos tanto hombres
como mujeres. Por la pandemia se quedaron con nueve. Según Luis Mercedes, quien
trabaja aquí, las condiciones de los adultos mayores mejoran enormemente,
puesto que reciben atención médica y alimentaria.
Explica que la mayoría de
los ancianos son llevados al centro por familiares, todos de escasos recursos y
con edad avanzada que sobrepasa los 65 años. Algunos con ceguera y otras
afecciones. Muchos de ellos han permanecido en la estancia durante décadas. Mercedes
dice que la situación de la población envejeciente en esta provincia es
preocupante, muchos necesitan ayuda por la calamitosa situación en que viven.
Efectos e impacto
De acuerdo con la información oficial disponible, al 8 de julio 2020, la tasa de letalidad por la covid-19 en la población de 60 años y más alcanzó el 33,4% en México, 13,6% en Cuba y 5,7% en República Dominicana citando datos comparativos regionales. A raíz de la enfermedad, las personas mayores se convirtieron en mal pronóstico y prioridad de las iniciativas de confinamiento y distanciamiento social para evitar contagios.
Ante esta realidad, el
aislamiento se volvió espada de doble filo, favoreció la protección respecto a contraer
el virus, pero los expuso a un desafío menos comprendido: la soledad. Aislando
y excluyendo seres que necesitan la compañía de sus seres queridos. Pues,
salvaguardar la vida de quienes representan la gran mayoría de las muertes por
coronavirus, en particular los mayores de 85 años o aquellos con afecciones
subyacentes era prioridad.
Cristina Lorenzo, de 71
años, vive sola en la urbanidad de su casa. Narra que contaba los días con su único
entretenimiento, un viejo televisor. Revela que su única hija se abstuvo de
visitarla durante casi seis meses por motivo de la pandemia, además de que
residen en La Romana. Mientras rememora cuenta el terror de aquellos días.
“Siento que me enfermé
del alma. Nadie quería visitar, solo una vecina muy querida me daba vueltas
desde la puerta de vez en cuando, para saber cómo estaba, porque a veces me sentía
mal. Pero no podíamos pasarnos comida ni nada. Tenía un muchacho que me iba al
mercado y me hacía mandados. No fue fácil”, comenta Lorenzo.
De acuerdo con la
especialista en psicología, Keila Álvarez, este grupo social estaba a expensas
de sufrir severas secuelas psicológicas que conducen a la depresión. Álvarez,
quien ha trabajado el tema en distintas conferencias virtuales con otros
expertos, cree que el equilibrio emocional de los mayores, especialmente en un
periodo de incertidumbre como este.
A estas consecuencias se agudizan cuando el
adulto, muchas veces tímido, no tiene con quien canalizar sus emociones, pudiendo
tener un desenlace fatal. “Nuestros ancianos pueden ser severamente afectados
por este y más si les toca afrentar la situación solos por la circunstancia que
sea. Las personas de la tercera edad suelen tener una actitud estoica para resistirse
a ciertos cambios. Es peligroso para su salud emocional y física”, considera la
experta.
Aumento población adulta
Entre 1950 y el año 2010
la población dominicana se cuadruplicó, pasó de 2,364,651 habitantes en 1950 a
una población de 9,478,612 en el año 2010, y de acuerdo con las proyecciones de
población de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) para el 2020 la población
del país empezó a rondar en los 10,500,000 habitantes.
La ONE en su más reciente
Boletín Demográfico y Social 2020, plantea que la dinámica poblacional del país
ha provocado un cambio en la estructura de la población, la reducción
substancial en el ritmo de crecimiento conlleva un envejecimiento creciente de
esa población.
En el período comprendido
entre el año 1950 y el 2010 la edad mediana se incrementó desde los 17.1 hasta
los 24.8 años, y seguirá creciendo hasta alcanzar los 29.4 años de edad en el
año 2025. Para el año 2100, la edad mediana de la población sería del orden de
47.8 años, esto es, 21.5 años más envejecida que la situación en el año 2015.
El avance de este envejecimiento de la estructura poblacional implica un incremento de la población mayor de 60 años, la cual pasa de representar un 4.4% en el 1950, a suponer un 8.6% en el año 2010. En el año 2025 (es decir, en el corto plazo) llegará a representar un 12% del total.
Informes sociodemográficos
del Centro Internacional de Longevidad-RD,
expusieron que la situación del envejeciente dominicano se define por aspectos
como que el 70-80% de las personas de sesenta años y más viven en la actualidad
en el área urbana. Este grupo es marginado y desposeído desde el punto de vista
social, económico y político
Además, la integración
cada vez mayor de la mujer a la fuerza laboral hace que abandone su tradicional
papel de cuidadora de sus padres o parientes mayores, quedando estos muchas
veces a cargo de la vivienda o el cuidado de los niños.
Asimismo, la gran
migración de la juventud por las condiciones socioeconómicas imperantes
contribuye al envejecimiento de algunas poblaciones y al abandono y soledad de
los adultos mayores. También, la mayoría de los adultos mayores viven en
hogares multigeneracionales. Menos del 10% vive solo, y más del 90% es autoválido,
notándose una pequeña reducción a medida que aumenta la edad.
En la República
Dominicana en 1996, el 41.8% de la población mayor de 65 años era analfabeta, un
32% había cursado la primaria de forma incompleta, el 15.1% había cursado la
primaria de forma completa, el 3.2% cursó estudios secundarios y solo el 3.4%
había alcanzado un nivel superior.
Créditos: Grupo de Medios EB, periódico regional El Tiempo
Redacción: Jeni Polanco Castillo
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