El morbo, feroz aliado de las malas noticias
Por Jeni Polanco Castillo
Jennypc03@gmail.com
Alguna vez en la vida
todos hemos sentido morbo ante una escena erótica o trágica. La morbosidad es
un estado emocional de los seres humanos. Puede considerarse una enfermedad en
la que los sentidos son capaces de causar reacciones mentales, moralmente insanas
e inclinadas por cosas desagradables.
En contadas ocasiones nos
quedamos inmóviles las pantallas de la TV que parecen sangrar en cada
noticiario y no somos capaces de despegarnos, seguimos con una morbosidad que
la mayoría no reconoce como normal o socialmente admisible.
Es el caso del señor
Amable Mercedes, 58 años, quien confiesa ser un fanático de la búsqueda,
difusión y divulgación de contenidos violentos, para él, las personas, consumen
en mayor cantidad noticias trágicas que positivas, puesto a que son más
atrayentes. Considera que “las mismas incitan a la morbosidad, al contrario,
son parte de la realidad”.
Mercedes reconoce
mantenerse al día viendo y compartiendo malas noticias. Según él, obtiene una
mayor rentabilidad y son las más vistas, por lo que no tiene ningún decoro en
compartir, vía redes sociales, todo el contenido que le llegue a sus manos. “La
noticia trágica es la que se vende, si no hay malas noticias los periódicos, ni
la televisión venden. Yo comparto todo”.
No obstante, el ferviente
admirador de este contenido, no considera las malas noticias como creadoras de
morbo, puesto que son parte de la realidad cotidiana, aunque respeta el
criterio detractor. “Hay gente que le gusta y gente que no le gusta, eso se
respeta, pero las malas noticias captan la realidad, el morbo lo crea quien la
ve con ojos morbosos, yo no soy un recetor sensible, no me afecta”, enfatiza.
Sin embargo, la especialista
en conducta humana, Keila Álvarez, considera que aun todos seamos morbosos por
naturaleza y sintamos placer con lo prohibido, el morbo generado por las malas
noticias se puede reprimir.
Manifiesta que, aunque la
mayoría de las personas consumen noticias negativas en lugar de positivas, cada
persona tiene la capacidad de autocontrolarse, aunque mucho de esto dependa del
núcleo familiar en que hayan sido formados. “Tanto la sensibilidad como el
autocontrol frente al morbo, dependerá mucho de la educación del individuo, del
ambiente en que ha crecido, sino se grita ni hubo violencia, es muy probable
que genere una empatía y una sensibilidad que lo conduzca al rechazo de este
tipo de contenidos”, destaca.
Álvarez también advierte
que la morbosidad provocada por las malas noticias trae serios problemas a la
salud mental, y la exesividad morbosa, podría desarrollar una patología. “La
continua recepción de malas noticias estimula estados d depresión y provocan un
impacto emocional tan grande que pueden llegar a incidir en la toma de
decisiones equivocadas. Se genera un sesgo de negatividad, que es la calificación
al deseo de escuchar y recordar malas noticias”, señala.
La experta, también
delega responsabilidad a los medios, aunque ve poco esperanzador un cambio en
las políticas comunicacionales y publicitarias. “Los parámetros de los medios
es que ellos ofrecen lo que la gente consume, olvidándose de que existe una
cultura de paz que fomentar. Tardaría décadas en remplazar ciertas normas por
cosas productivas. Las redes sociales amplían bastante el morbo a través de las
malas noticias, sin dominio ni control. Hay que empezar por casa”, dice.
“Todos poseemos la
capacidad de manejar nuestras emociones y sensaciones, de elegir herir la
sensibilidad ajena o no, y ser prudentes a la hora de compartir información de
contenido violento, a través de malas noticias”, resaltó Alvarez.
Créditos: Grupo de Medios EB, periódico regional El Tiempo
Redacción: Jeni Polanco Castillo
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