Joven dice fue despedido por no vacunarse, hoy vende hierros para mantener a sus siete hijos
Por Jeni Polanco Castillo
Jennypc03@gmail.com
@JeniPolancoC
Hato Mayor. Marcado por
los sinsabores de la vida y la cruda realidad que le ha tocado vivir, refleja
nobleza en su mirada desesperanzada, pero sin rendirse, luchando por sus siete
hijos, para los que día tras día sale a vender hierros y así, llevarles el
sustento en medio de tanta precariedad. Milkin vive en Hato Mayor,
precisamente, en el barrio Las Malvinas, en una pequeña casucha de
madera con sus siete niños y su esposa.
El joven hombre de 34
años, cuenta que durante seis años se desempeñó como recolector de basuras en
el Cabildo Municipal del cual fue desvinculado el año pasado cuando empezó el
proceso de vacunación. Declaró que, le pusieron a firmar un documento de
renuncia, mismo que certificó inocentemente, pues no sabe leer.
“Me dijeron que debía vacunarme y, me negué, porque me sentía en esos días malo de salud. Me sofocaba mucho y me daban taquicardia. Todavía allá hay empleados que no se vacunaron y siguen ahí. Me pusieron a firmar una carta sin yo saber leer y me decían “no, no es de renuncia”. Cuando mi compañera lee, ahí me doy cuenta de lo que había”, manifestó German.
En dicho sentido, expresó
que le pagaron dos meses luego de cancelarlo y nunca recibió el pago de sus
vacaciones, con un sueldo mensual de 6 mil 600 pesos. Ante tal situación, y con
siete niños que mantener entre los tres y 11 años, al deber aun un motor que sacó,
haciendo énfasis en que el trabajo dignifica al hombre; le montó una carreta al
motor y sale a recogerle la basura a vecinos del barrio, además de hierros y
botellas.
Aunque todavía debe el
motor, agradece a Dios que este sea el medio por el cual, se busca la vida. “Depende
de la basura, me ganaba 200 y 300 pesos y con eso iba pagando poco a poco el
motor. Ahora solo estoy con los hierros y le doy gracias a Dios. Con eso
mantengo a mi familia. Salgo todos los días, mantener conlleva muchos gastos”, describió
German quien, además, indicó la temática consiste en recoger los hierros en las
calles, para luego llevárselos a un señor que se los compra.
Una desaparición que
marcó sus vidas
Solo dos de los siete
niños son suyos, los demás, de sus hermanas. La mayor, de 11 años, German se la
pidió a su hermana cuando la bebé tenía solo a penas meses de nacida, siendo
esta una madre soltera adolescente y él no pensaba aun en tener hijos. Los
otros cuatros, son de otra hermana suya desaparecida hace ya dos años.
Del hecho solo saben que la joven fue vista por última vez cuando se montó en un motor con un tipo y jamás volvió. Relatan que, a pesar de ser una chica que, vendía su cuerpo para mantener a sus cuatro niñas, nunca dejó de cuidarlas ni mucho menos pensaba en darlas a algún familiar. “Era buena madre”, dice su hermano, pero “la justicia no hizo lo que debía. Como somos pobres, ese caso no tuvo importancia”, enfatizó.
De esta tragedia, la
cual, ha marcado no solo la vida de este hombre, sino también de su familia,
pues agrandó su núcleo familiar y, con ello, las circunstancias. Informaron que,
al momento de su hermana desaparecer para nunca más tener rastro de ella, solo
le dijo a una amiga suya “vengo ahora, espérame ahí, no te vayas”. La hipótesis
que tienen es que salió a verse con algún hombre. Hoy, las menores están bajo
el cuidado de su tío y su esposa, quienes se convirtieron en sus padres, por
una mala jugada del destino.
Créditos: Grupo de Medios EB, periódico regional El Tiempo
Redacción: Jeni Polanco Castillo


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